el pacto con el demonio

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cómo pactar con el demonio:

la víctima y el nigromante


Hay algo en lo que todas las civilizaciones pactistas coincieron: las víctimas sacrificales tenían que ser muy jóvenes, incluso niños.

De hecho, a partir de cierto momento se le otorgó gran importancia al sacrificio de vírgenes. A nadie se le escaparán las razones moralistas y patriarcales de esta elección, pero obedece a una razón más antigua y práctica: es un buen indicativo de la edad correcta de la víctima, puesto que la gente de la época se casaba (y dejaba de ser virgen) al entrar en la adolescencia.

Desde siempre, las víctimas más eficaces fueron las que se hallaban en los inicios de la pubertad o en los meses (o pocos años) inmediatamente anteriores. Esto se atribuía a la gran cantidad de energía creativa acumulada para gastarla a gran velocidad durante los procesos de maduración posteriores, y que en esas edades se encontraría en su punto álgido sin impurezas ni pérdidas. Todo el pacto con el demonio, en realidad, se habría realizado mediante el aprovechamiento de esta energía, la más poderosa del mundo humano.

Por eso, también, se prefería a las víctimas delgadas y no muy grandes. Esta energía se hallaría más concentrada y pura en un cuerpo pequeño.

Naturalmente, jamás se aceptaba una víctima con taras físicas o mentales de cualquier clase. Eso habría sido un insulto tan grande al dios demoníaco como pretender sustituirla por animales, vegetales u objetos: una receta segura para la catástrofe.

En la mayoría de culturas hubo una clara elección sexista de la víctima, según los propósitos del pacto:
  • Chicos cuando se pretendía obtener poder político o éxito económico, multiplicación de riquezas, conocimiento científico-técnico, victoria en las guerras o salud masculina no infantil. Los chicos se preferían también para lanzar maldiciones, bloqueos o mal de ojo.
  • Chicas cuando se pretendía obtener amor y buena familia o estabilidad familiar, fecundidad, atracción sexual, suerte en el azar, belleza, juventud, habilidad artística, alianzas sólidas o salud femenina e infantil. Las chicas se utilizaban asimismo para destruir maldiciones, limpiar bloqueos y anular el mal de ojo.
Las víctimas eran aportadas siempre por los beneficiarios, a ser posible de su estirpe, de su zona o de entre sus esclavos. De esa forma, la sincronía entre ambos era muy elevada ya de partida. El brujo o nigromante nunca suministraba la víctima, pues eso habría causado confusión entre sus objetivos personales y los de sus clientes.

La víctima era tratada con gran respeto, e incluso veneración, desde el momento en que el nigromante la aceptaba.



La victima del sacrificio para pactar con el diablo
Seis días antes de la ejecución del pacto, se apartaba discretamente a la víctima del mundo y se dedicaba. Para ello, se le retiraba toda ropa, calzado y adorno, se la lavaba exterior e interiormente, se le hacía un pequeño corte sangrante en el himen o prepucio y se la encerraba en un cuarto desnudo e incluso en una jaula, baúl o cajón. Así declarada para el dios o diosa demoníaca, a partir de ese instante nadie debía tocarla ni dirigirle la palabra más que para darle breves órdenes. Algunas culturas tenían rituales de dedicatoria mucho más complejos.

En ese momento, se iniciaba la sincronización con los beneficiarios. Seis veces al día bebería la orina de los mismos directamente en su fuente, tres veces al día comería la pócima de poder aportada por el nigromante y una vez al día sería lavada de nuevo por fuera y por dentro. Pero no se la volvería a cortar.

La noche anterior al inicio del pacto, la víctima era entregada al nigromante para que completara su preparación por sus propios medios, y con el propósito de extraerle sangre exaltada para elaborar la tinta del pacto.

A la mañana siguiente, la víctima era encerrada por última vez mientras el nigromante se reunía con los beneficiarios para redactar el manuscrito del pacto y comer. Tras una breve siesta, conforme el sol comenzaba a ponerse, el pacto con el demonio comenzaría.

El brujo, bruja o nigromante
  • La elección del nigromante era un asunto muy delicado. Se creía que un solo error en el pacto atraería grandes catástrofes y desgracias.
  • Muchas culturas tenían un "cuerpo nigromante" especializado en sus castas sacerdotales.
  • El salario del nigromante podía oscilar entre una mina de oro para asuntos particulares (unos 12.000 € actuales) hasta muchos talentos para grandes cuestiones de economía y estado (millones de euros).




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